Astronomía

Los hombres, ya se sabe, de Marte. Las mujeres de Venus. Todo primate del género homo oculta (aunque hay valientes que los muestran) una mezcla de ambos planetas en proporciones variables; todos somos guerrero y voluptuosa.

Viene ésto a cuento del extraño haiku sin estaciones, perturbador, que le escribí ayer a eva-lamaga. Vi el sueño como una forma de hacer el amor con la propia sombra. La hembra (su hembra) comentó:

Supongo que por eso soy insomne, para poder mirarla/mirarme.

El macho (¡ay, mi macho, los primates!) no lo entendió. Lo tomó como algo práctico, algo de poetas de guardia, del turno de oficio y su mala organización.

Pero este Marte tiene una peculiaridad: que la Venus que oculta dentro se levanta y le mima y acaricia (¿cual no lo hace?) mientras él duerme. Y esta noche, mientras lo hacía, le susurró al oido aquellas palabras tan bonitas de su amiga Pilar: Me encanta que los hombres se queden dormidos después de hacer el amor. Es el acto máximo de amor, entregarse así completamente en las manos de una desconocida, de alguien a quien acaban, metafóricamente, de matar.

Y este primate se despertó, se rascó la barbilla y pensó que ahora sí había entendido el comentario, y que la sombra mía es femenina y me mira mientras yo duermo, pero la sombra de la Maga es masculina, y se duerme mientras ella la mira.

Lo peor del asunto es que yo duermo, pero Eva se pasa las noches en vela. Cosas de Venus y Marte.


Alguien se muere de amor

Hace ya tiempo, estando muy enamorado, recuerdo haberle prometido a hacer cualquier cosa que me pidiese... Nos quedamos los dos callados, en silencio. Era un bello atardecer de junio, nos abrazábamos mientras el Paseo del Prado se llenaba con los... [more][back]

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