Lo demás es silencio1

El transporte del correo, el transporte de la
voz humana, el transporte de imágenes que 
parpadean... En este siglo, como en otros,
nuestros mayores logros todavía tienen un propósito
único: unir a los seres humanos.
    Antoine de Saint-Exupery (Tierra de Hombres)

Iba a escribir sobre el excelente artículo de Gustavo Martín Garzo en El Pais2 que termina como el título de esta entrada, y me ocurrió algo extraño y mágico. El artículo se llama Un pequeño gorrión, y comienza así:

John Berger dijo una vez que el español tiende a ver la
naturaleza como algo cruel. Al contrario que los italianos
y los franceses, los españoles raras veces habríamos sabido
dar órdenes a la naturaleza o tomar lo que ésta nos daba.
De ahí que nuestra cultura haya sido durante siglos una 
cultura grave, dominada por una visión fatalista y desesperanzada
del hombre, donde los libros y la lectura han sido vistos
como causa de desvarío antes que de gozo o conocimiento.

Luego navega con precisión entre El Quijote y La Isla del Tesoro, y dice: Por eso gran parte de la mejor literatura infantil ha surgido siempre del amor hacia un niño concreto. (Cortázar ya sabía que no hay ideas generales).

Pero, mientras contemplaba su navegación (a mí me movía los árboles una brisa suave que me llegó de Gijón, en una tarde calurosa), reviví el post de bichito que leí antes de irme a comer y me recordó esta escena de El Silencio de los Corderos, que traduzco:

Hannibal Lecter: ¿A dónde ibas, Clarice?
Clarice Starling: No lo sé. No tenía comida, ni agua, 
y hacía mucho frío, mucho frío. Pensé, pensé que si 
pudiese salvar sólo uno, pero... ¡pesaba tanto!. Tanto...
Había recorrido sólo unas pocas millas cuando el coche 
del sheriff me recogió. El ranchero se enfadó tanto que
me envió al orfanato luterano de Bozeman. Nunca volví 
al rancho.
Hannibal Lecter: ¿Qué pasó con tu cordero, Clarice?
Clarice Starling: Lo mataron.

Se lo dejé dicho en los comentarios. También que me enamoré perdidamente de Jodie Foster después de ver esta película. Por cierto, grandes las novelas de Tom Harris (El Dragon Rojo me parece sobrecogedora, El silencio de los inocentes, en la que se basa la película, también).

Y se me mezcló el gorrión de Emily Dickinson del que habla Martín Garzo con ese Malo Bueno y esa Niña Valiente que se escapó con el cordero (Lo demás es silencio).

Entonces vi a Jodie Foster con el pelo corto y una túnica acercarse a Anthony Hopkins, que trabaja absorto y preocupado, pasarle un papel, y decirle: S’il te plaît... dessine-moi un mouton!.

Fue un momento de magia (toda la geometría del espacio se recompuso, el mal y el bien se entrelazaron en una tarde de Primavera, Tom Harris, Jonathan Demme y Antoine de Saint-Exupery de copas juntos, Martín Garzo de barman; yo escucho mientras barro las servilletas arrugadas). Duró justo el tiempo que tarda una nube en dibujar y deshacer una boa que se ha tragado un elefante. ¡Qué extraño es estar loco! ¡Qué hermoso a veces!


1 En castellano, y en inglés:

O, I die, Horatio;
The potent poison quite o'er-crows my spirit:
I cannot live to hear the news from England;
But I do prophesy the election lights
On Fortinbras: he has my dying voice;
So tell him, with the occurrents, more and less,
Which have solicited. The rest is silence.
    Hamlet, Act V, Scene II

2 Si no hay contenidos, no hay enlace. Al final Dave Winer ganará la apuesta que narra Joe Gregorio: En una búsqueda en Google de las cinco palabras clave o frases que representen las cinco noticias más importantes del año 2007, los weblogs estarán más arriba que el New York Times. El Pais también se degüella con esa variante de la navaja de Hanlon: No atribuyas a sentido de los negocios lo que pueda explicarse adecuadamente por estupidez. Pedro J. es un poquito más listo. Por mi tarifa usual de Consultor se lo explico a ver si lo entienden. El trabajo de Consultor, ya se sabe, consiste en repetir obviedades una y otra vez. ¡Qué fatigoso! Pero tiene algo de Principito. ;)

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