Mentiras sin piedad, ¡qué lástima de amor!
Maquillaje, de los hermanos Expósito. Especialmente perturbadora la versión que hay en Los más grandes éxitos de Ástor Piazzolla, cantada por Héctor de Rosas, que a mi no me gusta demasiado, pero cuyo tono frío y lejano, de pena seca, le va muy bien a este tema. Me parece mucho más verdad que la versión melodramática de el Polaco Goyeneche, pese a su fama.
Nada que ver, por otra parte, con la canción homónima, muy alegre, de Mecano; en la de Expósito el maquillaje es metáfora de mentiras y traición, en la de Cano es juego de seducción (vídeo).
La letra parte de una cita de un soneto de Argensola, A una mujer que se afeitaba y estaba hermosa, que culmina con el contraste entre la apariencia atractiva del cielo y su carácter de vacío perfecto:
Porque ese cielo azul que todos vemos ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza!
y sigue...
No, ni es cielo ni es azul, ni es cierto tu candor, ni al fin tu juventud: tú compras el carmín y el pote de rubor que tiembla en tus mejillas, y ojeras con verdín para llenar de amor tu máscara de arcilla. Tú, que tímida y fatal te arreglas el dolor después de sollozar, sabrás cómo te amé, un día al despertar sin fe ni maquillaje, ya lista para el viaje que desciende hasta el color final... Mentiras... son mentiras tu virtud, tu amor y tu bondad y al fin tu juventud. Mentiras... ¡te maquillaste el corazón! ¡Mentiras sin piedad! ¡Qué lástima de amor!

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