El guerracivilismo de la extrema derecha y la jerarquía católica
Estoy harto. Harto de ver cómo se utiliza el dinero de mis impuestos para conspirar contra la democracia. Harto de que el arzobispo de Valencia, hablando como un capo de mafia, diga que “El laicismo radical conduce al fin de la democracia” (paráfrasis: si seguís siendo laicos os tiramos el chiringuito, como hicimos cuando la república). Por cierto, no muy distinta de la frase que dijo en su momento su lacayo Jiménez Losantos: “en la sociedad moderna hay que luchar en los medios de comunicación y en la calle, apelar al pueblo y, si se pierde, resistirse con uñas y dientes. En última instancia, el levantamiento popular. Lo ultimísimo, los militares.” Harto de que la jerarquía católica profundice en un fundamentalismo que no respeta los más elementales principios de su propia fe.
Oyendo las declaraciones obscenas del obispo de Tenerife, que usan y justifican los argumento de los “depredadores” sobre la provocación, uno recuerda aquel terrible chiste de humor negro, que se podría parafrasear así.
Pregunta: “¿Qué hace un niño columpiándose?”
Respuesta: "Poner nervioso al obispo"
Esas declaraciones han sido calificadas como “una barbaridad” por Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, poco sospechoso de ser de izquierdas, pero que ya veremos lo que dura en el regimen fascista de Esperanza Aguirre.
Esa gente, teóricamente célibe, se permiten pontificar sobre la vida sexual que deben llevar los demás, sean o no seguidores suyos. Financian a conspiradores que disponen lo que debe hacer el jefe de estado. Esconden sus delitos bajo la alfombra, imponen condiciones al gobierno democrático, etc. Evidentemente, no son terroristas, dicen ellos, aunque chantajeen con “el fin de la democracia”. Señores obispos, creo que deberían ser conscientes de las palabras de su jefe: Quien a hierro mata, a hierro muere, y dedicarse a cuidar de los asuntos de Dios, sin esas zafias amenazas a la democracia y al gobierno del César.

Traduzco una cita sobre Integrismo, de la wikipedia en inglés:
Parece que el nuevo papa se olvidó de esas palabras, y sólo recuerda sus tiempo de las juventudes hitlerianas, época en que debió aprender bien a manejar los absolutos que blanden ahora sus huestes como puñales.
Posted by Santiago Gala at