Software es poesía (Charla en el Dorkbot)
Esta tarde, 9 de mayo de 2008, a las 20h30 hablo en el dorkbot (Espacio OFF-LIMITS, c. de La Escuadra, 11, Madrid) sobre “Software es poesía”. Un tema un poco extraño, que no sé si encajará del todo en sus esquemasi habituales, más orientados hacia la robótica o hacia software que se usa para controlar dispositivos en el mundo físico... En cualquier caso, nunca hay que olvidar:
- No se puede “computar” sin consumir un mínimo de electricidad, hay teoremas fundamentales de la teoría de la información que cuantifican la energía mínima teórica para cambiar de estado un bit.
- Los ejemplos que propongo producen efectos sobre el mundo físico. Aparte de la contribución de todo proceso que se ejecute en un ordenador (o de todo filósofo que piense fuerte) al calentamiento global, los ejemplos que propondré cambian de color o reflectividad pequeños cuadritos en la pantalla, o bien producen una señal analógica que unos oportunos trasductores, llamados altavoces, transformarán en algo llamado sonido.
La charla la preparé, muchos más desestructurada, en el 2005. Es una reflexión sobre el hecho de que el software no es más que una forma de expresión, y, por tanto, es material usable para la poesía. Trabajaré, primero, mostrando cómo el software es una forma de expresión y, luego, viendo unos pocos aspectos en los que esa forma de expresión se vuelve poética. Poco más, pero tampoco 20 minutos dan mucho más de sí.
No es tan raro que, durante muchos años, todo el software haya sido contable o ingenieril. Hablando ayer sobre el tema de la charla, dije: “Al fin y al cabo los primeros textos que se conservan, en casi cualquier lengua arcaica, son textos de utilidad práctica inmediata, y por tanto de gran valor comercial: contabilidades de cosechas, censos o catastros, previsiones del tiempo... Sólo cuando los escribas afilan sus instrumentos y se transforman en escritores empieza a aparecer el relato o la poesía.”
Una parte sustancial de la forma que ha tomado la charla esta vez la vi con la cita de Van Gogh en mi post anterior. El software, al fin y al cabo, se escribe siempre para dirigir procesos, y esos procesos simulan procesos naturales o matemáticos. Por tanto, se podría transcribir la cita de Van Gogh como:
Los programadores entienden la estructura y los procesos de la naturaleza y los aman, y nos enseñan a verlos.
Esa cita acabó de encajar leyendo el artículo sobre los límites de la programación cuántica en Investigación y Ciencia de Mayo de 2008, que lamentablemente no está online. Lo está un borrador muy distinto, que acentúa el carácter babélico de la computación cuántica. Y también esta presentación sobre lo que no podemos hacer con ordenadores que no tenemos, del mismo título.
En el artículo de IyC, Scott Aaronson dice:
A diferencia de los ordenadores actuales, cuya programación exige una perfecta comprensión de los problemas, la elucidación de tales regularidades sería enteramente rutinaria; no exigiría un conocimiento detallado de la sustancia del problema.
Es decir, las hipotéticas computadoras cuánticas de las que habla Aaronson no necesitarían esa perfecta comprensión de los problemas que necesitan las actuales. Y ¿qué es esa perfecta comprensión de los problemas sino lo que le dice Vincent a Theo que es el trabajo del pintor: conocer y amar la naturaleza, y enseñársela a los demás.? Esa es, también, la función esencial del programador.

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