Educación de Príncipe
Hoy estuvimos en Madrid. fuimos por el centro (Plaza Mayor, Sol, Callao, Plaza de Oriente). De compras y enseñándole a las niñas a moverse por la ciudad, que ya va siendo hora.
Pasamor por la FNAC y estuvioms comprando libros (se me fue una pasta, para variar). Comimos el tradicional bocadillo de calamares en la Plaza Mayor (rito iniciático, yo lo cumplí en su día) y se tomaron un chocolate con churros en San Ginés. Un día de estos tengo que contar algo que estuvo muy cerca de ser una agresión sexual que sufrí en San Ginés, una madrugada del 79 o así, pero, diría Kipling, esa es otra selva y la exploraremos en otra ocasión.
La cuestión es que les estuve leyendo Historias de Cronopios a las niñas, porque les he regalado el libro, y a Eva, la pequeña, le encantaron muchas de ellas. Eva es otra que tendrá el gusano de la Literatura (o Plásticas, le gusta mucho la fotografía).
Me hizo leerle dos veces Educación de Príncipe, y se partía de risa cuando dice:
--Buenas Salenas cronopio cronopio, el más bueno y más crecido y más arrebolado, el más prolijo y más respetuoso y más aplicado de los hijos!
A mi me gustó mucho esta larga excursión urbana. Vivir en las afueras tiene cosas buenas, pero el contacto humano no es una de ellas. Y el centro de Madrid está tan llena de turistas y de inmigrantes que, recorriéndolo, tengo el placer de sentirme extranjero.

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