El nombre de la cosa

Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!,
y en Roma misma a Roma no la hallas:

Francisco de Quevedo, al que trinché ayer. Luis dice que lo linqué, pero trinchar (2ª acepción) parece más adecuado al (ab)uso que hice de él. Los jovenes llaman DJ o mezclar a pinchar a esto, y a mí me divierte. Quevedo, repito, sabía más que Umberto Eco, que escribió

Stat Rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus

cuando existe la interpretación ahora de que todo fue una errata, y que la novela de Eco se debió llamar El nombre de Roma, pero entonces Shakespeare no sé si debería haber afirmado Roma, si tuviese otro nombre, desprendería el mismo hedor en vez de

A rose by any other name would smell as sweet

No sé si este brain dump me lleva a algún sitio, pero la verdad es que tampoco me importa.

Borges, hablando sobre Quevedo, ya veía los memes:

Hay en la historia de la filosofía doctrinas probablemente falsas,
que ejercen un oscuro encanto sobre la imaginación de los hombres:
la doctrina platónica y pitagórica del tránsito del alma por muchos
cuerpos, la doctrina gnóstica de que el mundo es obra de un dios hostil
y rudimentario. Quevedo, sólo estudioso de la verdad, es invulnerable
a ese encanto.

(probablemente falsas nos distrae y sobra, ¡qué lujo corregir a Borges!. También el contrapunto final sólo estudioso de la verdad. Lo que importa es “oscuro encanto”, el hecho de que la idea sea la que “ejerce”, y hablar de “invulnerabilidad”, es decir, inmunidad.)

Parte de guerra del concepto contra la acción.

Releyendo: Este tipo de mega mix literario (el estilo, no el contenido) me recuerda un poco al Mob Software, que toqué de refilón hace un año. La Mob Literature es lo que describe Borges en El inmortal, la disolución de autor y su obra en el contínuo flujo de tiempo y palabras. Cada hormiga que siga llevando su grano de trigo al hormiguero.

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