Tres fotografías

Hoy, en Babelia , aparecen en tres artículos distintos, retratos de tres personajes interesantes. Sin poderlo evitar he unido las tres fotografías en un retablo.

En primer lugar, una fascinante entrevista con Henri Cartier-Bresson, por Octavio Martí. El maestro, dice, en palabras recogidas por Raul Cancio:

La fotografía parece una actividad fácil; pero es una operación
cambiante y ambigua, la cámara fotográfica es para mi un carnet
de croquis, el instrumento de la intuición y de la espontaneidad,
la dueña del instante. Es poner en el mismo punto de mira
la cabeza, el ojo y el corazón.

De sus palabras, me interesa su comentario sobre la copia, interesante en tiempos donde se sigue intentando privatizar la información: copiar es muy interesante. Es lo que te hace comprender. Hay que ir a Louvre, pasar horas y horas observando y copiando, intentando penetrar en la obra de otro a base de repetirla hasta descubrir su secreto, que es el del cómo, pero también el del por qué. (subrayado mio, el secreto del por qué es, con frecuencia, el que de verdad interesa)

Hombre que siempre estuvo allí, como corresponde a un fotógrafo. En África, en la guerra de España, en un campo de concentración durante la II Guerra mundial. Fotografió el deshielo de Krushev, entrevistó a Gandhi una hora antes de su asesinato, y luego me dejé llevar por el rio de tristeza de la nación. Sigue viendo el mundo, con su visión de budista ateo, como una sucesión de utopias.

Por orden de paginación estricto, luego viene Gilbert Keith Chesterton. Inagotable ingenio es el título, y lo firma José María Guelbenzu. No puedo evitar comparar con el maravilloso ensayo de Borges sobre este genio, que contribuyó decisivamente a mi juventud con sus “Cuentos de la taberna del Arco Largo”, “El hombre que fue Jueves” y las novelas del padre Brown. Recuerdo que fue Ramón Carratalá quien, cuando hablamos de ello, me pasó los Cuentos de la Taberna del Arco Largo, que a mi me faltaba por leer.

Guelbenzu cierra su artículo, dedicado a la edición de su Autobiografía, así: No es un novelista y poeta de primera; tampoco es un filósofo con un sistema de pensamiento. Yo diría de él lo que dice él de su padre: "En resumen, me alegro de que nunca fuese un artista. Ello podría haberle impedido ser un amateur".

Cartier-Bresson fue un observador, que sólo se convertía en actor en ese momento en que su punto de mira alineaba pensamiento, sensibilidad y voluntad. Chesterton, en cambio, rompe el mundo con sus frases ingeniosas, y luego se queda mirando las piezas rotas, no sin algo de perplejidad.

Por último, Pablo Neruda. El artículo, de Antonio Skármeta, se llama Neruda: treinta años de mar y muerte. Lo abre una foto de la fiesta que se le organizó´por el Nobel un año antes del golpe. En ella, como una esfinge con gafas negras, Augusto Pinochet le mira desde tres filas más atrás.

Cita Skármeta Jardín de Invierno:

Yo me niego al mar desconocido, 
muerto, rodeado de ciudades tristes...
Oigo remotamente un trueno verde.
Es el libertador. Es el océano,
lejos, allá en mi patria que me espera.

Neruda estaba enfermo de cancer cuando el golpe, y murió 12 días después. Pasó buena parte del tiempo que le quedó repitiendo la frase ¡Los están fusilando! ¡Los están fusilando!

Neruda, pescador de la realidad en las aguas del Pacífico, con la paciencia que quien desenrreda el sedal y espera horas a que el pez se acerque, no pudo resistir ver como otros prefieren pescar con dinamita.

El silencio entre una y otra ola
establece un silencio peligroso:
muere la vida, es aquieta la sangre
hasta que rompe el nuevo movimiento
y resuena la voz del infinito.

Tres hermosas fotografías que ilustran, sobre todo, que hay distintas maneras de enfrentarse al mundo, y que no todas nos sirven para todos los días.

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